Conclusión Naturaleza

La evolución geológica del término municipal de Molinos arranca del ciclo sedimentario alpino. A lo largo de todo el Mesozoico la cuenca de sedimentación ibérica va a funcionar como un aulacógeno, en el sentido expuesto por ALVARO et al. (1978) y SIMON (1984), es decir, como un graben complejo, surcado por fallas longitudinales y transversales, en el que poco a poco se va a instalar una sedimentación marina, favorecida por el régimen distensivo.

No obstante, y aunque en el área de estudio no existen vestigios, en las primeras etapas evolutivas del graben ibérico, los depósitos comienzan siendo detríticos (facies Buntsandstein). La cuenca se halla configurada en ambrales y surcos en los que se depositarán los materiales carbonatados del Muschelkalk y las arcillas yes(frras lacustres del Keuper, que llegar a aflorar puntualmente en Molinos.

La subsidencia diferencial de bloques da paso a una subsidencia generalizada, que permite la transgresión liásica y la sedimentación de las series carbonatadas jurásicas. No obstante hay momentos de inestabilidad tectónica y de elevación de los fondos marinos, plasmados en los niveles de condensación y la ganas estratigráficas del Dogger-Oxfordiense.

Los movimientos verticales de bloques adquieren su máxima expresión a finales del Jurásico y durante el Cretácico Inferior, período durante el cual la cuenca se fragmenta en una serie de subcuencas separadas por umbrales y esquematizadas en la fig. 19. El territorio de Molinos ocupa precisamente parte de uno de los umbrales principales, el de Ejulve-Molinos, que separaría la cuenca del Maestrazgo Central de la cubeta de Oliete. Esta posición emergida es la responsable de la ausencia de Cretácico Inferior en el área de estudio.

Tras una serie de pulsaciones transgresivas, desarrolladas durante el Barremiense-Aptiense y mal representadas en Molinos quizá a consecuencia de la erosión posterior, en el Albiense se produce otra emersión, que origina cierta erosión en los bloques elevados y la sedimentación de los arcillas y arenas, con lignitos y caolines, de la facies Utrillas. Estos materiales llegan a depositarse incluso sobre los antiguos umbrales erosionados, tal como sucede en nuestro ámbito.

La subsidencia se reanuda durante el Cenomaniense, dando lugar a la última gran transgresión y al paquete carbonatado del Cretácico Superior.

En el Terciario se produce la fase final de evolución del aulacógeno ibérico, la denominada etapa tectogenética, que genera, sobre los sedimentos recogidos en la cuenca, las estructuras de plegamiento y fractura observables hoy. Las deformaciones, complejas en el sector de Molinos, donde se desarrollan apretados pliegues y escamas cabalgantes, están condicionadas por tres factores:

-la reactivación de antiguas fiálas, que afectan al zócalo en profundidad y que controlan la dirección de los esfuerzos

-la presencia en la serie sedimentaria de niveles plásticos de despegue

-la reducción de la potencia de dicha serie sobre los antiguos umbrales (Ejulve-Molinos), que permite una mayor movilidad de la cobertera.

Paralelamente a la Orogenia Alpina se produce, en las nuevas áreas deprimidas creadas, la sedimentación de enormes abanicos de materiales detríticos terciarios, afectados por discordancias progresivas, de manera que se hallan muy deformados en los márgenes de las depresiones y subhorizontales en su centro y a techo.

Durante el Cuaternario, tiene lugar la instalación de la red fluvial y el excavado de los valles, que conservan acumulaciones de fondo de valle y ladera, muy limitadas en cuanto a su extensión actual.

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