Series de Vegetación

Aunque la mayor parte del término de Molinos pertenece al dominio climácico del carrascal montano, desde el punto de vista sinfitosociológico podemos diferenciar varias series climatófilas siguiendo la sistematización de Rivas Martinez (1987). Esto nos permitirá describir los complejos de comunidades que definen este paisaje vegetal, tomando en consideración algunos caracteres de tipo ecológico y geográfico, y atendiendo a los aspectos dinámicos y.a la potencialidad de la vegetación.

La serie mesomediterránea castellano-aragonesa seca basófila de la encina, (Bupleuro rigidi- Que rceto rotundifoliae sigmetum), se encuentra bien representada en las laderas del valle del Guadalopillo y sus barrancos afluentes, así como en las parameras por debajo de los 1 .000 metros de altitud aproximadamente. No obstante, como toda la vegetación potencial de un medio tan antropomorfizado como éste, se halla profundamente degradada. Como indica la frase diagnóstica que la define, corresponde a un ambiente mesomediterráneo con ombroclima seco y suelos generalmente ricos en carbonato cálcico.

La etapa madura de la serie está representada por el carrascal, donde Quercus rotundUblia preside el dosel arbóreo, con un sotohosque bastante escaso y un estrato herbáceo más bien pobre. Debido a las condiciones termoclimáticas que impone la altitud, que se traducen en una amplitud térmica de cierta importancia, se ha producido un significativo empobrecimiento de las especies más termófilas propias del bosque esclerófilo mediterráneo: ejemplo significativo es el lentisco (Pistacea lentiscus), que ya no llega hasta el territorio de nuestro área de estudio y, sin embargo, sí lo encontramos a pocos kilómetros, aguas abajo del valle del Guadalope, en el horizonte inferior y medio del piso mesomediterráneo. No obstante, sí están bien representados otros arbustos esclerófilos del sotobosque, como Quercus coccifera y Rhamnus alaternus, constituyendo los coscojares del Rhamno-cocctferetum la primera etapa de degradación tras la total o parcial desaparición de la carrasca.

Las plantas heliófilas y poco exigentes (Rubia peregrina, Teucrium chamaedrys, Carex hallerana, etc.) son las más frecuentes en este carrascal, dado que se trata de formaciones de estructura muy abierta (fundamentalmente debido a la acción agresiva del hombre). El matorral heliófilo se encuentra dominado en nuestra área de estudio por el romero (Rosmarinus officinalis), aunque en ocasiones es sustituido por lastonar-aliagares, como más adelante veremos. Las fases de mayor degradación corresponden siempre a tomillares. La etapa de sustitución de pinares también la tenemos bien representada por algunas formaciones de pino carrasco (Pinus halepensis), tanto naturales como de repoblación.

La serie supramediterránea castellano-maestrazgo-manchega basófila de la encina (Junipero thuriferae-Querceto rotund~foliae sigmetum) sustituye a la anterior en altitud, lo que viene motivado por un cambio en las condiciones bioclimáticas. Efectivamente, es en localizaciones de paramera, por encima de 1.000-1.100 metros de altitud, al sur del término municipal, donde encontramos esta serie, por lo general en etapas muy degradadas, al igual que sucedía en el caso anterior. Sobre sustratos calcáreos y suelos de escaso desarrollo, el clima se ha endurecido (supramediterráneo inferior) incrementándose la continentalidad en un ambiente de notable xericidad. Consecuentemente el cortejo florístico de este carrascal montano de matiz continental sufre un cambio muy significativo con la desaparición de los elementos termófilos propiamente mediterráneos y la aparición de especies de ambiente subrnediterráneo. Aunque el estrato arbóreo sigue estando dominado por Quercus rotundifolia en la etapa madura, han desaparecido totalmente en el sotobosque plantas tan representativas de los pisos inferiores como son la coscoja y el romero, que entre las especies más comunes se comportan como excelentes bioindicadores de esta cesura bioclimática y, en consecuencia, biocenótica.El enebro común (Juniperus comínunis) sustituye en altitud al enebro de miera o cada (J. oxycedrus), y aparecen en el sotohosque algunos arbustos espinosos caducifolios (Rosa sp., Crataegus monogyna, etc.).

La sabina albar (Juniperus thurifera), que suele ser fiel acompañante en los carrascales continentales secos del piso supramediterráneo, es difícil de encontrar en las parameras de nuestro área de estudio, posiblemente debido a antiguas talas y a que su regeneración es inés difícil que la de la carrasca. En las etapas de matorral heliófilo, el romeral es sustituido catenalmente por espliegares, salviares y formaciones de caméfitos pulviniformes (SaturejoErinaceetum), que ocupan el área más extensa de este dominio.

Como un estadio más avanzado de degradación se observan los pastizales vivaces de PhlomidoBrachypodietum retusi. En las etapas de sustitución el pino carrasco no puede prosperar con estas duras condiciones termoclimáticas y en su lugar aparece el pino lancio (Pinus nigra), si bien son escasos estos pinares en nuestro marco de estudio.

Aunque la mayor parte del territorio se integra en el dominio de las dos series anteriormente descritas, en algunos enclaves favorecidos con un ombroclima más húmedo y suelos profundos y frescos aparecen formaciones de caducifolios marcescentes en las que destaca el quejigo (Quercus faginea), también llamado rebollo. Se trata de formaciones que corresponden florísticamente a la serie supra-mesomediterránea catalano-maestrazgo-aragonesa basófila del quejigo (Violo- Querceto fagineae sigmetum).

En su estado óptimo corresponde a un quejigar puro, aunque en algunas ocasiones puede llevar pino laricio y, a medida que el ambiente se va haciendo más seco se mezcla con la carrasca. En el estrato arbustivo destaca la presencia del guillomo (Amelanchier ovalis), madreselvas (Lonicera etrusca) y otros propios de la característica orla espinosa de Pruno-Rubion uim(folii, con Berberis hispanica, Rosa sp., Rhamnus sp., etc. Especie bioindicadora es el arce (Acer granatense), que lo encontramos, aunque escaso, en condiciones de suelos profundos y con cierta humedad. Una situación de mayor degradación es la que viene representada por los aliagares de Genisto-Erinaceetum, que a su vez dan paso a los pastizales vivaces de Avenulo- Brachypodie tum phoenicoidis.

Como más adelante describiremos, los enclaves de formaciones correspondientes a esta serie se encuentran ligados fundamentalmente a situaciones topoclimáticas favorables en el marco regional de un clima seco que limita notoriamente su extensión. Por ello, se puede concluir que no se encuentra bien representada esta serie, siendo más frecuentes las situaciónes de transición en las que se matizan los ambientes más húmedos del territorio potencial de la carrasca.Estas son, en definitiva, las series que en nuestra área de estudio representan la vegetación climatófila. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar la existencia de series edafófilas, entre las que destacan las geoseries riparias mediterráneas, compuestas fundamentalmente por choperas y saucedas.

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Los Carrascales

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