Diversificación

La diversidad del paisaje vegetal de Molinos se debe, al igual que ocurre en otros territorios, a la variedad de medios y condiciones naturales e históricas en que se desarrollan las plantas.

Entre los “factores ambientales” que inciden sobre la vegetación podemos destacar los de índole climática, edáfica y topográfica, teniendo en cuenta que no actóan de manera aislada sino simultánea y estrechamente interrelacionados entre sí.

El clima(luz, temperatura, precipitaciones, vientos,…) es un factor determinante en la distribución de la vegetación. Las condiciones climáticas de Molinos son, en términos generales, mediterráneas (aunque con ciertos rasgos de continentalidad), lo que confiere este mismo carácter a las fitocenosis que más adelante describiremos. La mediterraneidad de la flora se manifiesta en una serie de adaptaciones fisiológicas que presentan buena parte de las especies más representativas. Así, la vegetación potencial climatófila de la mayor parte del territorio corresponde al bosque mediterráneoesclerófilo de encina carrasca (Quercus ilex ssp. rotundifolia = Q. rotundifoha), bien adaptado a la sequía estival y capaz de soportar una elevada amplitud térmica. En este bosque planifolio y perennifolio dominan las especies con hojas más bien pequeñas, endurecidas y coriáceas, rasgos anatómicos que indican un claro xeromorfismo tendente a evitar un gasto excesivo de agua durante el seco periodo estival, reduciendo al mínimo la evapotranspiración cuando ésta escasea.

La carrasca, además, se protege con una densa borra en el envés de las hojas y una capa de prima en el haz, lo que le da ese aspecto polvoriento típico. Junto a la esclerofilia, su carácter perennifolio le permite mantener una actividad vital casi ininterrumpida durante todo el año, aprovechando al máximo las posibilidades de la primavera y otoño. En definitiva, se trata de una estrategia para soportar las limitaciones bioclimáticas propias del ambiente mediterráneo: sequía de verano, irregularidad de las precipitaciones, riesgos de heladas, etc., aunque eso sí, a costa de un crecimiento lento y escasa producción de madera, que es dura y pesada.

La topografíaintroduce unas modificaciones en el paisaje vegetal como consecuencia de las variaciones climáticas que provoca. El efecto más conocido es la disminución de la temperatura con la altura (aproximadamente 5,5 °C por cada 1.000 metros). Aplicando este parámetro al término de Molinos, puede calcularse en aproximadamente 3,3 oc la diferencia entre las temperaturas medias anuales de las cotas más alta y más baja de su territorio. Hay que tener en cuenta que este descenso de la temperatura con la altitud es el origen de los pisos de vegetación, es decir, de la zonación altitudinal o cliserie. Por otro lado, el efecto orográfico conlleva un incremento de las precipitaciones, aunque a la escala de este estudio esto no sea relevante.

Otro efecto topoclimático, debido a la existencia de un relieve variado y accidentado, viene dado por las diferencias de exposición u orientación. Los contrastes entre umbría y solana son acusados en un área mediterránea como ésta: la fuerte insolación diurna proporciona un ambiente más cálido, seco y continentalizado en los solanares, donde se ubica la vegetación más termófila, frente a las localizaciones de umbría, con menos contrastes térmicos y más frescas, en las que se refugia la vegetación más mesófila, como más adelante veremos. En relación con este aspecto, conviene recordar que este mismo esquema topoclimático se repite en cuanto a la distribución de los suelos (más desarrollados y húmedos en zonas de umbría que en las solanas), lo que también incide notoriamente en la distribución de la vegetación. Por otro lado, en las zonas altas de páramos, más o menos llanas, la acción del viento, unido a una elevada insolación, provoca un fuerte efecto desecante, incrementado por la existencia de una vegetación escasa.

Finalmente no podemos dejar de mencionar cómo el valle del río Guadalopillo constituye un importante vector de penetración por el norte de las especies mesomediterráneas más termófilas, como más adelante comprobaremos.La naturaleza delsueloes otro factor ecológico que influye decisivamente en el tipo de vegetación que le ha de colonizar. A su vez depende fundamentalmente de la roca madre y del clima. En el área de Molinos la litología es, en general, calcárea (calizas jurásicas y cretácicas y conglomerados terciarios), lo que, unido a un clima seco, propicia unos suelos básicos de carácter calcimorfo que sustentan una vegetación calcícola.

En este punto es necesario señalar el predominio de litosuelos expuestos a un alto grado de erosión, muy activa en vertientes de pronunciada pendiente y con escasa vegetación. Los mejores suelos para el cultivo han sido tradicionalmente los de vega y aquellos formados sobre las arcillas de descalcificación que aparecen en algunas vales.

Asimismo se encuentran bien desarrollados sobre las arenas albienses, especialmente en orientación de umbría, donde hallamos algunas de las formaciones boscosas mejor conformadas. Mención especial merece la vegetación edafófila, es decir, aquella que se instala en función de la existencia de unas particulares condiciones en el suelo: en su momento comentaremos la vegetación rupícola, instalada sobre roquedos, y la vegetación riparia, que ocupa la ribera del Guadalopillo y sus afluentes, así como otros pequeños cauces de agua.

Además de los mencionados factores ambientales, hay que tener en cuenta la acción antropozoógena, ya que el hombre y los animales han influido decisivamente en la cubierta vegetal. En el área de estudio la influencia del hombre sobre la vegetación ha sido enormemente destructiva y se ha manifestado como un agente transformador de primer orden. La presencia humana en la zona de Molinos se confirma ya desde la prehistoria, según lo atestiguan los numerosos yacimientos arqueológicos hallados.

Posiblemente el proceso de deforestación de los bosques primitivos comienza ya en la Edad del Hierro, momento en que se estima una importante densidad de poblamiento y cierta actividad minera. El proceso deforestador prosiguió a lo largo de la historia con roturaciones e incendios provocados para obtener tierras de cultivo, con la consiguiente introducción de nuevas plantas, especialmente frutales, y para conseguir pastos, ya que en este área la ganadería extensiva ha sido una actividad permanente, llegando a generar en algunos casos fuertes impactos por sobrepastoreo. En detjnitiva, la presión antrópica sobre esta vegetación mediterránea de elevada fragilidad ha supuesto la transformación y degradación del paisaje vegetal originario, y aún hoy el hombre sigue siendo el mayor transformador de la vegetación.

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