La coscoja (Quercus coccfera) es un arbusto que se mantiene verde todo el año, de hojas coriáceas, brillantes y espinosas en la terminación de los nervios, lampiñas por las dos caras y de color verde intenso, lo que la diferencia fácilmente de la carrasca.

Como ya ha quedado expuesto anteriormente, los coscojares juegan en nuestro territorio un papel dinámico al constituir la oria arbustiva de los carrascales secos mesomediterráneos, ocupando su espacio cuando son degradados. Las extensiones más importantes se encuentran en el sector septentrional, en áreas de antiguos carrascales o en los claros de éstos. También ha prosperado la coscoja como etapa posterior al incendio del pinar de carrasco, según vemos en la umbría del Barranco de Azcón, donde ha demostrado su capacidad de producir renuevos tras el fuego. Acompaña a la coscoja con frecuencia el espino negro (Rhamnus lvcioides), especialmente sobre suelos pedregosos de solana. Fundamentalmente son especies heliófilas las que forman parte del coscojar, como el torvisco (Daphne gnidiurn), planta tóxica que indica antiguos incendios, la fresnilla (Dictamnus hispanicus), la jarilla (Helianthemum myrtifoliuin), la digital negra (Digitalis obscura), la euforbia (Euphorhia minuta), el camedrio(Teucrium chamaedrys), y especies que también veremos en el romeral, como la común bufalaga (Thyrnelaea tinctoria), el roniero (Rosmarinus officinalis), el espliego (Lavandula latifolia), etc. El estrato herbáceo, aunque escaso, está ya dominado por el ubiquista Brachypodium retusum. Es evidente que la presencia de la carrasca y del pino carrasco en el coscojar son frecuentes en la medida en que ocupan el mismo nicho ecológico.

Por otro lado, el coscojar constituye también comunidades permanentes en escarpes rocosos, crestas y laderas muy abruptas donde la dificultad para el desarrollo de un suelo forestal impide la instalación del carrascal u otras formaciones arbóreas. Un ejemplo de esta comunidad lo encontramos en la solana del Barranco de Valdepuertas. En estas situaciones suele ser frecuente acompañante la sabina negral (Juniperus phoenicea), que en zonas algo más altas y en escarpes umbrosos le sustituye en estos enclaves roqueros y de suelos esqueléticos.

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